¿Cuánto empleo generan las exportaciones?
En septiembre de 2006 COMEX hizo públicos los resultados de una encuesta (disponible en:
http://www.comex.go.cr/informe%20de%20resultados%20empleo-%20encuesta.pd...) acerca de las percepciones de un grupo de empresas exportadoras sobre los presuntos efectos –incluso sobre el empleo- que tendría la aprobación o rechazo del TLC. Es, claramente, un trabajo diseñado con fines propagandísticos. En todo caso, lo que me interesa resaltar son las cifras de empleo que ahí COMEX maneja.
Según ese documento, las empresas encuestadas aumentarían en un 7% el empleo en caso de que se apruebe el TLC o, de lo contrario, lo reducirían en un 14%. Estos son resultados arbitrarios y especulativos en alto grado, precisamente porque adolecen de un defecto muy grave: se basan en percepciones que, a su vez, utilizan como único referente un factor –la ratificación o no del TLC- esencialmente indiferente respecto del empleo, ocultando o ignorando los que sí influyen, por ejemplo, y en lo que a las empresas exportadoras se refiere, el hecho de que el acceso al mercado estadounidense no mejora un ápice con la aprobación del TLC, ni se deteriora un gramo con su rechazo. Ignorar tales realidades –y parece que tal es el caso de las empresas encuestadas- invalida los resultados porque las percepciones que así se recogen carecen de ninguna base más o menos sólida.
En todo caso, dice ese documento, ese presunto 7% equivale a 15.931 puestos de trabajo (como el indicado 14% implica, en exacta proporcionalidad, 31.863 empleos). Para obtener estos números se extrapolaron los datos de las empresas muestreadas al conjunto del sector exportador, para lo cual se tomó como base de referencia las estimaciones de COMEX acerca del total del empleo en actividades exportadoras para el año 2006. Esta última cifra es omitida en el documento en mención, pero una simple operación aritmética le permite a usted estimarla a partir de aquellos datos de aumento o disminución del empleo. En total son entre 227 y 228 mil empleos, aproximadamente. Relacione usted eso con los datos del Instituto de Estadísticas y Censos (INEC) acerca del total de la población ocupada en ese año 2006 (1.829.928 personas) y obtendrá que las exportaciones aportan ¡el 12,5% del empleo total de Costa Rica!
Agreguemos lo obvio: más del 87% del empleo proviene de empresas y organizaciones que no exportan.
De ese empleo total generado en las exportaciones -digamos, en números redondos, que son 230.000 personas- unas 40.000 (o poco más) trabajaban propiamente en empresas de zona franca (ello según documento de la Asociación de Empresas de Zona Franca, AZOFRAS disponible en: http://www.uccaep.or.cr/aperturacomercial/ZONAS-FRANCAS-IED-DRCAFTA%2003...). Aseguraba un experto (Sergio Navas) en un artículo publicado en La Nación del 6 de junio de este año (disponible en:
http://www.nacion.com/ln_ee/2007/junio/06/economia1121873.html), que las zonas francas captan alrededor del 42% del total de la inversión extranjera que recibe Costa Rica. Ese dato es el promedio para el período 2000-2005, el cual, de mantenerse aproximadamente estable para el 2006, permitiría estimar que en el septenio 2000-2006 zonas francas habría recibido la insignificancia de unos US$ 2.170 millones en inversión extranjera. Y, encima, y según el Banco Central, algo así como el 52% de las exportaciones proviene de ese reducido puñado de empresas extranjeras (unas 180) situadas en zona franca. Y esos números tan gordotes de inversión extranjera y exportaciones tan solo generan 40.000 y algo de empleos, los cuales representan ¡apenas un poco más del 2% del total nacional del empleo!
Nótese que todos mis datos provienen de fuentes “insospechables”:
COMEX, La Nación, INEC, AZOFRAS. Dos conclusiones caen por su propio peso. Primero, ni las exportaciones, ni menos aún la inversión extranjera, dan, ni de lejos, un aporte significativo al empleo. Segundo, ese aporte, de por si tan limitado, resulta aún más pobre si se le pone en relación con la prioridad indiscutible y los amplios privilegios que las políticas públicas, por ya tantos años, conceden a unas y otra.
Frente a esto, el telecismo sacará a relucir su conocida cantinela: además hay que considerar –nos dicen- los “empleos indirectos”: el chofer de bus que lleva la gente a la maquila; la señora que vende comida en la empresa, etc. Y por esa vía, terminan con las cosas más ocurrentes. Por ejemplo, decirnos que las empresas de zona franca generan no se sabe cuánto en ingresos fiscales porque pagan la seguridad social de sus empleados (y descaradamente meten dentro de la suma incluso la parte que se deduce del salario de los trabajadores). Todo lo cual tendría algún sentido medio razonable de no ser porque la misma cosa hacen empresas y organizaciones que no son exportadoras. No solo pagan seguridad social, sino también, a diferencia de las zonas francas, impuesto sobre la renta. Y de fijo que generan muchos más empleos indirectos porque sus vínculos a lo interno de la economía costarricense son mucho superiores a lo que es usual entre empresas exportadoras, especialmente aquellas de capital extranjero que, como sabemos, dominan una proporción sustancial del total de las exportaciones.
Así, el telecismo se llena la boca con sus caprichosas estimaciones acerca de empleos indirectos e ingresos fiscales provenientes de las transnacionales de la exportación. Haga usted lo mismo para empresas y organizaciones no exportadoras y empiece a sumar. Por esa vía terminaremos con una masiva doble o triple o cuádruple contabilidad de la que resultará que jamás ha existido déficit fiscal porque los ingresos del sector público eran mucho más altos de los que lograba sumar el Ministerio de Hacienda. Y, lo que es todavía más simpático, no se extrañe si terminamos “descubriendo” que en Costa Rica la población trabajadora excede de la población total, de donde resultará obligatorio concluir que no solo los bebés de mantillas, sino hasta más de un muerto…¡son parte de esa población trabajadora!
Perdón si todo esto suena caricaturesco, pero, en honor a la verdad, aclaremos que aquí lo único caricaturesco es la charanga que el telecismo arma alrededor del asunto del empleo.
Y, en fin, y si en serio nos preocupa el empleo, pongamos en claro una cosa: ni la inversión extranjera ni las exportaciones que ésta genera son la solución. Para ello hay que recuperar un mínimo de racionalidad en la definición de prioridades de nuestras políticas. Y reconocer entonces que es el apoyo, promoción y desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas nacionales y de las empresas cooperativas y asociativas, lo único que podrá aportar una solución efectiva y respetable.
Por lo tanto, y en resumen, si se trata de empleo, el TLC no solo no es necesario sino que constituye un gravísimo obstáculo, precisamente porque interpone mil obstáculos al fomento y desarrollo de esas empresas de base nacional.
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Jonathan Vargas
http://jvargas.wordpress.com

