Constituirnos como un canal que permita elaborar propuestas, con el fin de que el desarrollo de Costa Rica sea una construcción colectiva donde todos y todas podamos tener ventanas de expresión, de crítica y de incidencia.
Hoy se publica en Diario Extra una nota sobre la oposición del Diputado José Manuel Echandi al proyecto de ley para legalizar las uniones de hecho entre personas del mismo sexo. El proyecto es impulsado por el Diputado José Merino del Frente Amplio, y las Diputadas Andrea Morales del PAC y Ana Helena Chacón del PUSC.
Este es el correo que yo le mandé. Si alguien más quiere compartir su opinión con el diputado Echandi, la dirección es jmechandi@asamblea.go.cr.
Estimado señor diputado:
He leído con decepción en Diario Extra, no sólo sobre su oposición al proyecto de ley para legalizar las uniones de hecho entre personas del mismo sexo, sino sus ofensivas e intolerantes palabras para referirse a otros seres humanos, a otros ciudadanos iguales que usted. Estas palabras definitivamente NO son dignas de un Diputado, muchísimo menos un Diputado miembro de la Comisión de Derechos Humanos (que ironía!), y ex "Defensor" de los Habitantes. A mi me parece fuera de lo natural y definitivamente fuera de la moral su actitud.
Si usted fuera serio y consecuente, investigaría sobre la experiencia internacional en el campo, y se apegaría a hechos científicos y sociales y no dejaría que sus propios prejuicios le impidan ver los beneficios del proyecto. Ojalá no repita, en su oposición a este proyecto, alguna lamentable mención del que usted llamó "filósofo", el autor de ciencia ficción y creador de la cientología L. Ron Hubbard.
La cita suya de Hubbard al apoyar el proyecto "Impedimento para que Personas de La Misma Orientación Sexual Adopten Menores de Edad" ya había dejado clara su total ignorancia y falta de seriedad con respecto a este tema, pero honestamente no pensé que llegara a este extremo.
Saludos, espero el 1ero de mayo del 2010 con ansias.
No sé en qué está este proyecto ahora mismo, pero ojalá saliéramos a la calle a defenderlo... hay que salir, hay que atreverse y apoyar... ¿cómo es posible que esta bestia fuera "defensor de los habitantes"? ¿será hora de pedir que ese puesto sea de elección popular?
También ando por aquí:
http://softwarelibrecr.org
http://www.liber-accion.org
señor Echandi, le escribo para manifestarle mi malestar con sus declaraciones con respecto al matrimonio entre homosexuales, cito lo que el diario extra publicó:
“fuera de lo natural y contra la moral” que una familia esté encabezada por personas del mismo sexo"
creo que la suya, es una actitud que va en contra de los derechos humanos. en pleno siglo 21 me siento avergonzado de tener congresitas como usted.
Usted me está llamando antinatual y amoral... por qué piensa que los homosexuales responden a esas caractrísticas? dónde vive usted que está tan lejos la realidad del mundo?
piensa usted que, con toda la discriminación que existe, empezando por los políticos como used, los homosexuales DECIDIMOS serlo para ir contra la naturaleza y la moral?
Sr. Echandi,
Los siguientes comentarios son hechos con el respeto que una persona como usted puede merecer (por mucho o muy poco que este sea, basado en el respeto que usted tiene a otros).
Es sumamente preocupante que de alguna manera una persona con una ignorancia de tal calibre y evidente desprecio por los derechos humanos haya llegado a estar en los puestos que le han sido confiados a usted.
Creo que le es imperativo el informarse e instruirse un poco antes de vomitar declaraciones que de manera tan ridícula atentan contra la integridad y la dignidad de un sector de ese mismo pueblo por el que se supone que usted vela.
Personas como usted se valen de todo tipo de argumento: semántico, procreativo y hasta tradicionalista para defender un punto de vista que incurre irremediablemente en una forma de discriminación; esto es, la diferenciación injustificada. Pero los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional y se anulan fácilmente cuando se les examina de cerca.
¿Es el matrimonio entre homosexuales un golpe a la familia? ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿No podrán seguir casándose y teniendo hijos todas las parejas heterosexuales que quieran hacerlo? ¿Forzará alguien a alguien más a no casarse o a casarse de manera distinta a la tradicional?
No es ésta incluso una actitud hipócrita y parcializada si se piensa en la realidad de los matrimonios convencionales, cuya estabilidad se ve cada vez más afectada por los crecientes índices de divorcio, abandono de hogar, malos tratos e infidelidad. Es que acaso no ha advertido usted todavía que la familia es una institución que padece desde hace ya un buen tiempo una profunda crisis en la sociedad occidental, al extremo de que, contabilizando el número de divorcios y la multiplicación de parejas que rehúsan resueltamente pasar por el altar o por el registro civil, hay quienes le auguran una obsolescencia irremediable.
La paradoja es que, probablemente, es entre los homosexuales, que, como toda minoría perseguida desean fervientemente romper esas limitaciones que la sociedad les ha impuesto, despierta la familia esa ilusión y ese respeto que en un número muy grande de heterosexuales, sobre todo entre los jóvenes, parece haber perdido.
Un prejuicio idéntico alega que un niño criado por una pareja homosexual sufre y tiene una formación deficiente y anómala, ya que un niño para ser “normal” necesita un padre y una madre, no dos padres o dos madres. A esta afirmación dogmática y sin el menor sustento psicológico, respondió Edurne Uriarte en algún momento de manera inmejorable: “un niño lo que necesita es amor, no abstracciones”. Que los padres sean heterosexuales u homosexuales no presupone de por sí nada; cada pareja es única y puede ser potencialmente admirable o abusiva, amorosa o atroz en lo que concierne a la educación de sus hijos.
Ciertamente, detrás de todos estos argumentos no hay razones, sino prejuicios arcaicos, una repugnancia instintiva hacia quienes practican el amor y la sexualidad de una manera que siglos de ignorancia, estupidez, oscurantismo dogmático y retorcidos fantasmas del inconsciente, han satanizado llamándolo “anormal”.
La misma ciencia —la biología, la antropología, la psicología, la historia, sobre todo— ha proporcionado perspectivas claras ya hace tiempo y establecido que hablar de “anormalidad” en el dominio de la vocación sexual de los seres humanos es petulante, peligroso y alienante.
Una persona culta o tan siquiera inteligente entiende el matrimonio en términos de aquellas características que son comunes a cualquier pareja indiferentemente de su sexualidad: la convivencia y el afecto entre las partes; la existencia de un proyecto de vida en común; el deseo de la pareja de formalizar su estatus jurídico y de comunicarlo al resto de la sociedad; y la importancia de proteger a cada miembro de la pareja y a sus hijos en caso de separación o en caso de disolución del matrimonio por divorcio o muerte.
En lo personal, no creo en el matrimonio como concepto social, pero le aseguro que su arrogancia no tiene límite si cree usted que algo le otorga la potestad o el criterio necesario para dictaminar a cuáles derechos puede tener acceso otro ser humano. Le insto a pensar, a instruirse y a buscar la humildad básica que una persona en su posición debería poseer. Hágase un favor a si mismo y ponga fin a su ignorancia.