Constituirnos como un canal que permita elaborar propuestas, con el fin de que el desarrollo de Costa Rica sea una construcción colectiva donde todos y todas podamos tener ventanas de expresión, de crítica y de incidencia.
Esta premisa es la que se me viene a la cabeza cuando pienso en lo que está haciendo gestión Arias- Arias y cómo la analiza la población costarricense.
Informarse sobre la realidad no es tan difícil cuando la conciencia cívica y social está en nosotros, si no es así, que este próximo 15 de setiembre, los incautos ignorantes no canten: “Costa Rica es mi patria querida”.
Ser CIUDADANO es una cualidad que a muchos les queda grande y quien quiera ejercer su derecho en las urnas en el 2010, que lo piense dos veces, porque después de las contracciones de este gobierno, sus pupilos… no deberían tener el respaldo de la mayoría.
Para muestra, un solo ejemplo:
Óscar Arias, en un despliegue de cinismo, anuncia la venida de vacas flacas, las anuncia cuando ya las vacas están mugiendo en la puerta, sin una hoja de zacate que rumiar.
La crisis está ya aquí, pero anunciarla, no la resuelve, ¿qué tipo de administración se ha hecho en Costa Rica para no prever un golpe así?
Durante los meses de propaganda prereferéndum nadie, ninguna autoridad gubernamental, habló de esta situación de escasez.
Y bueno, si el gobierno NO lo vio venir, ¿podemos disculparlo por la crisis alimentaria que se nos viene encima?
Hubo otros sectores como UPA Nacional y CONARROZ que anunciaron que la debilitación de sector agrícola fue uno de los hechos lamentables del primer año de la Administración de Óscar Arias:
1. La fusión de los ministerios de Economía y Agricultura.
2. El resultado de esta fusión: El otrora ministerio de Producción.
3. El ministro de Producción: Alfredo Volio.
4. Alfredo Volio deja su puesto como jerarca del “nuevo” Ministerio para liderar la campaña del “Sí”.
¿En qué parte de esta lista el campesinado fue prioridad?
Economía (importación) y Agricultura (producción nacional) ¿juntos? Esto, como dijo Guido Vargas ("Gobierno desarmó el agro en su primer año") es una fuerte contradicción.
La apertura, esto es lo que propusieron, proponen y seguirán proponiendo, éste y los demás políticos de corte neoliberal.
Por eso “no hay peor ciego que el que no quiere ver”: ¡qué bonito vivir en un sistema democrático! ¡qué necesario sentirse ciudadano con todo lo que esto implica! ¡Qué urgente es decidir con conciencia cívica y social lo que queremos para nuestro país!
Concuerdo con los puntos expuestos y el enfoque general es acertado: el costarricense promedio prefiere voltear la mirada cuando es momento de afrontar la realidad y más importante aún, de asumir su responsabilidad con un rol participativo en lo que se refiere al destino del país.
A sectores como el de salud y producción les auguran días muy oscuros. Los agricultores costarricenses enfrentarán una inundación de productos agrícolas subvencionados. La mayoría de los aranceles serán retirados paulatinamente en los próximos 15 años, y el agricultor tico promedio tendrá que competir contra Cargill, Archer Daniels Midland y otras multinacionales estadounidenses, lo cual obligará a abaratar los artículos de producción interna en nuestro propio mercado. Todos estos hechos y muchos más están al alcance de quien guste buscarlos.
El actual gobierno no ha escatimado en burdos intentos por convencer a la población de que el escenario nacional no ha sido ni será impactado devastadoramente por las decisiones risibles de sus mandatarios. Pero lo realmente preocupante es ese sector apabullante de la población que más que carecer de información carece de interés. El sol no se tapa con un dedo, y a pesar de ello, muchos escogen pretender que sí, o en última instancia, simplemente no les importa.
A pesar de lo alegado por Arias o cualquier entidad, los hechos y la información están a la disposición de la mayoría, una mayoría que tiene ambas, la responsabilidad de informarse y de difundir aquello que ha aprendido (lo segundo con aún menos éxito que lo primero).
Lamentablemente la conciencia social se torna cada vez más utópica. Poco evidenciada en las generaciones pasadas y casi extinta en las nacidas de éstas a su vez. Como sociedad no fomentamos el desarrollo de una identidad (personal, cívica o cultural) y de ahí la importancia de este tipo de denuncia, de incomodar a otros en su indiferencia y en su ignorancia selectiva. Toda identidad va cambiando y supone alteridad. No se puede reconocer una identidad, si a la vez no se reconoce una alteridad que se presenta como su antagonista. Estos antagonismos nos crean conflictos con los demás, pero también con nosotros mismos. Si el otro no confirma mi identidad, se transforma en una amenaza y es frecuente que se intente evitar el contacto con aquellos que amenazan, que ponen en riesgo su identidad, su autoimagen y su autoestima. Dicho esto, continuemos siendo una amenaza, retando esa inercia colectiva y provocando discernimiento.