Constituirnos como un canal que permita elaborar propuestas, con el fin de que el desarrollo de Costa Rica sea una construcción colectiva donde todos y todas podamos tener ventanas de expresión, de crítica y de incidencia.
No debe ni puede pasar desapercibido: el editorial del periódico La Nación del 27 de mayo (leer) es lo que yo llamaría "una joya" en cuanto a intentos de manipulación y construcción de realidad por medio de un manejo ideológico de los datos.
Se les fue la mano de verdad, por eso termina siendo un intento bastante torpe de manipulación, ya que las malas intenciones no funcionan muy bien si son tan evidentes... y de los errores de redacción mejor ni hablemos... alguien escribió con el hígado y ni siquiera leyó dos veces su deposición.
El editorial comienza endulzándonos la mirada criticando suavemente la ausencia de políticas eficientes. Sin embargo, ahí ya comienza el puñal... al fin y al cabo la población no colabora "realmente" y la "negligencia" no se le atribuye a nadie en específico. Y aparece entonces uno de los diamantes de la joya de editorial, cuando se califica como un "problema venidero" lo que llaman "la creciente toma de conciencia en el país –y en el mundo– sobre los recursos naturales, dada su íntima relación con los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos, y con el desarrollo sostenible de las naciones y el futuro de la humanidad". Es un problema eso... ¡qué barbaridad eso de defender los derechos de la gente, no faltaba más!
Después nos endulzan un poco más, como para amortiguar el garrotazo del párrafo anterior, cuando se habla de la "sensibilidad social" "(...) potenciada por el auge de la construcción, acompañada de la anarquía reinante, de la falta de planeamiento y de ordenamiento territorial, así como por la transgresión constante e impune de la normas sobre la materia, cuando no por la corrupción". Pero no hay que emocionarse, porque después nos salen con que esos "antecedentes" fortalecen los movimientos sociales y "atraen a ciertos grupos extremistas".
La joya en cuestión, se encarga muy bien, de poner a los Comités Patrióticos dentro de esa categoría de "grupos extremistas" que irrumpen para "contaminar la protesta". Mientras tanto, dice que los vecinos de Sardinal "supieron distinguir, oportunamente, entre la preocupación de los vecinos y la irrupción" y "rechazaron a tiempo todo intento, como expresaron, de instrumentalización de ciertos grupos o personajes, estudiantes o dirigentes sindicales, en busca siempre de situaciones conflictivas para alimentar sus rancias y oxidadas posiciones ideológicas, extrañas a nuestro pueblo". Es interesante esa frase "como expresaron" porque los reportes de la comunidad de Sardinal agradecen mucho la visita de los grupos que fueron desde San José, pero claro, es que debe ser "extraño a nuestro pueblo" que la gente de San José sienta como propia la lucha de una comunidad guanacasteca, o que una comunidad se posicione de forma valiente para detener el saqueo de los recursos naturales; y es más extraño aún, que se denuncie la corrupción de funcionarios públicos. Es aún más extraño que las comunidades se vean forzadas a usar los medios que tienen a su alcance (sin son piedras, son piedras) para enfrentarse a antimotines que defienden los intereses de empresarios privados. Pero no es "extraño a nuestro pueblo" que 250 policías lanzaran gases lacrimógenos a hombres, mujeres, niños y jóvenes en una manifestación que canaliza la indignación de todo un país que está siendo arrebatado a sus habitantes.
Se cuidan, eso sí, de mencionar a los Comités Patrióticos, porque La Nación evita -siempre que puede- darle a estos grupos de ciudadanos algún estatuto de interlocutor (en la noticia del sábado se refiere a los comités como "los autodenominados" y los menciona siempre entre comillas. Por cierto esa noticia también es una "joya" que vale la pena revisar).
Lo bueno, es que no les queda más remedio que reconocer el poder de la resistencia: "En estas circunstancias y dado el clima de odio y de irrespeto a la institucionalidad democrática común a estos sectores minoritarios, el Gobierno y la empresa privada deben extremar sus esfuerzos para que todo proyecto se enmarque en las normas legales vigentes" porque reconocen que ahora hay que protestar y exigir cuentas a los funcionarios públicos (a eso ellos lo llaman "clima de odio y de irrespeto a la institucionalidad democrática") para que se cumplan las leyes. Entonces, planean una "labor de explicación y persuasión", aclarando que el agua es de todos (no se crea que los gringos que compran condominios no tienen derecho a regar sus campos de golf).
Y otra cosa buena, es que no entienden nada y tienen miedo, porque la realidad ha superado los esquemas que estos señores y señoras de La Nación usan para comprender. Creen que hay "promotores o dirigentes de estos movimientos de protesta" que seguramente obligan a los niños y adolescentes a cubrirse su cara, a adoptar "prácticas que no son propias de un país democrático o que ofenden la convivencia ciudadana". Van a tener que formar un equipo de análisis de coyuntura (que incluya lecciones de redacción por favor) para ver si captan algo de esta complejidad, de este nuevo país.
En todo caso, evidentemente esperan más resistencia y así lo manifiestan: "conviene reparar en estos hechos a fin de hacerles frente en el futuro a situaciones parecidas". Y sí, fíjense... habrá más situaciones parecidas... y ya no seremos ni del No ni del Sí, eso será lo más jodido... porque se viene la crisis alimentaria, las alzas en los servicios y muchas otras causas por las que no quedará más remedio que salir a la calle... porque la gente ya sabe que a este gobierno sordo hay que pegarle gritos para que escuche y hasta hay que tirarle piedras para que vuelva a ver.
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